Mérida, Yucatán, 28 de septiembre de 2026.- Durante cuatro años, el comedor comunitario de la parroquia Santa María Goretti ha convertido la solidaridad en alimento y el servicio a los demás en una labor permanente. Lo que comenzó como una iniciativa para apoyar a personas en situación vulnerable se ha transformado, con el paso del …
Mérida, Yucatán, 28 de septiembre de 2026.- Durante cuatro años, el comedor comunitario de la parroquia Santa María Goretti ha convertido la solidaridad en alimento y el servicio a los demás en una labor permanente.
Lo que comenzó como una iniciativa para apoyar a personas en situación vulnerable se ha transformado, con el paso del tiempo, en una red de ayuda que no solamente entrega comida, sino que también proporciona despensas, medicamentos y acompañamiento a quienes atraviesan momentos difíciles.
Las cifras hablan de la dimensión de este esfuerzo: 24 mil 960 comidas han sido entregadas durante cuatro años, una labor que se mantiene gracias a la participación de voluntarios y a la solidaridad de benefactores.
Actualmente, el comedor entrega 40 raciones de alimentos durante tres días a la semana: martes, miércoles y jueves.

Pero detrás de cada plato existe una historia.
Una ayuda que va más allá de la comida
La coordinadora de Pastoral Social, Linda Rodríguez, explicó que actualmente entre ocho y diez personas participan de manera comprometida en las actividades necesarias para mantener funcionando este servicio comunitario.
El esfuerzo requiere organización, tiempo y recursos, pero también depende de la generosidad de quienes realizan donativos.
Los recursos para mantener el comedor provienen tanto de donaciones como de benefactores, quienes contribuyen para que los alimentos puedan llegar a las personas que los necesitan.

La labor social tampoco termina cuando se entrega una ración.
Una vez al mes, la Pastoral Social distribuye aproximadamente 45 despensas a familias de escasos recursos, ampliando así el alcance del programa.
De esta manera, la parroquia busca atender no solamente una necesidad inmediata, sino brindar un respaldo constante a familias que enfrentan dificultades económicas.
El rostro humano de la ayuda
Uno de los testimonios que refleja el impacto de esta labor es el de Grime Ayde, beneficiaria del programa.
Con palabras de agradecimiento, relató que el apoyo recibido de la parroquia Santa María Goretti ha sido importante en momentos complicados de su vida.
Además de recibir alimentos y despensas, ha contado con ayuda para conseguir medicamentos y, cuando su estado de salud se ha complicado, integrantes de la comunidad la han apoyado incluso para trasladarse a recibir atención médica.
Su historia muestra que la labor social no se reduce a entregar una bolsa de comida.
En ocasiones, significa escuchar, acompañar, estar presente y ayudar a una persona cuando más lo necesita.
42 personas al inicio
Cuando comenzó el comedor comunitario, aproximadamente 42 personas acudían por los alimentos.
Con el paso de los años, la cifra ha cambiado. La coordinadora de Pastoral Social explicó que algunos beneficiarios han fallecido, mientras que otros han dejado de requerir el apoyo porque sus circunstancias han mejorado.
Sin embargo, constantemente existen personas y familias que necesitan ayuda, por lo que la labor continúa.
Actualmente son 40 raciones las que se entregan tres días por semana, en una dinámica que requiere la participación constante de voluntarios y el respaldo económico de los benefactores.
La solidaridad como una cadena
Cuatro años después de su apertura, el comedor comunitario se ha convertido en un ejemplo de cómo la participación ciudadana y la solidaridad pueden transformar una necesidad en una oportunidad para servir.
Los voluntarios ponen su tiempo y trabajo; los benefactores aportan recursos; la Pastoral Social organiza y acompaña; y los beneficiarios reciben no solamente alimentos, sino también una muestra concreta de solidaridad.
En total, 24 mil 960 comidas representan cuatro años de trabajo social, pero también cuatro años de historias, encuentros y manos que se han unido para ayudar.
Porque detrás de cada ración existe una persona; detrás de cada despensa, una familia; y detrás de cada donativo, una decisión de compartir con quien atraviesa una situación difícil.
A cuatro años de distancia, el comedor comunitario de Santa María Goretti mantiene sus puertas abiertas y continúa alimentando esperanza.
No se trata solamente de llevar comida a la mesa. Se trata de recordarle a quien enfrenta una necesidad que no está solo.
(Fuente/Joel. Ordaz)








